LA PENITENCIA
La penitencia es esencial para todos, seamos neófitos o brujos consagrados, porque hay arrastres que no se quitan con baños, despojos, ni rompimientos, si no somos capaces de enfrentarlos y vernos en su reflejo, hasta que logremos vencer a esos demonios y perdonarnos a nosotros mismos con nuestros propios medios. Para las grandes religiones organizadas, como la iglesia católica, el pecado es una mancha moral que debe ser limpiada para no ofender con su vulgaridad a la divinidad y a los espíritus santos, pero en la magia y en la brujería, que son disciplinas prácticas, evitamos los juicios morales, tan susceptibles de ser manipulados por diversos intereses y/o grupos, y preferimos guiarnos, no por las reglas de los juegos y modas de las sociedades humanas, sino por las leyes espirituales de Nsambi - el Creador-, como el hecho universalmente aceptado de que, cualquier crecimiento y evolución espiritual o mágica solo es posible desde una mente fuerte y disciplinada, que sepa acallar el ruido de las preocupaciones mundanas proyectadas por el ego, y modular el pensamiento a voluntad, para sintonizar con las frecuencias precisas de cada entidad espiritual de los planos astrales o metafísicos. Los espíritus descarnados o difuntos, y los espíritus naturales -como los Elementos, los Vientos, los Astros, los mpungus del mundo vegetal y los totems del reino animal, entre otros- no poseen cuerpo o materia, pero sí energía. Y la energía, como todos sabemos, puede ser empleada de muchas formas prácticas -curación, conocimiento, poder, amor, venganza, etc- que constituyen la brujería.
Es decir, que a diferencia de la penitencia religiosa, que se hace para lavar los pecados morales, la penitencia de los brujos es una especie de auto-despojo mental. Por eso vemos tantos casos de ex-criminales, personas que encontraron a tiempo el camino de los brujos y se salvaron. No fue porque se volvieran moralistas después de una vida de maleantes, sino porque el mundo mágico resulta más apasionante y provechoso que el mundo del hampa, pero, paradógicamente, exige una serenidad y concentración que es difícil cultivar en ambientes violentos. Por eso es frecuente ver cómo los nervios de acero de un delincuente se transforman en virtudes mágicas con la práctica de la brujería. No se vuelven buenos por seguir ninguna moral humana, ya sea social o religiosa, sino que trascienden la maldad a medida que evolucionan espiritualmente, así de simple.
Es decir, que a diferencia de la penitencia religiosa, que se hace para lavar los pecados morales, la penitencia de los brujos es una especie de auto-despojo mental. Por eso vemos tantos casos de ex-criminales, personas que encontraron a tiempo el camino de los brujos y se salvaron. No fue porque se volvieran moralistas después de una vida de maleantes, sino porque el mundo mágico resulta más apasionante y provechoso que el mundo del hampa, pero, paradógicamente, exige una serenidad y concentración que es difícil cultivar en ambientes violentos. Por eso es frecuente ver cómo los nervios de acero de un delincuente se transforman en virtudes mágicas con la práctica de la brujería. No se vuelven buenos por seguir ninguna moral humana, ya sea social o religiosa, sino que trascienden la maldad a medida que evolucionan espiritualmente, así de simple.
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